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marzo 29, 2014


Los críticos literarios supieron ser protagonistas, aparentaron indiferencia, fueron criticados e incluso ignorados. Nuestro modo de entender la literatura exigía incorporarlos al debate sobre las narrativas recientes, cuestionarlos. Retomando la actividad en el blog, y acompañando la discusión recientemente empezada, en el correr de estos días iremos publicando las respuestas a un nuevo cuestionario ya te conté con aportes de críticos literarios vinculados a algunos medios locales.


 Cuestionario: la crítica 




Sofi Richero (Brecha):

  • Hemos escuchado reiteradas veces que al llegar un libro de autor uruguayo a la redacción la actitud de algunos críticos es evitar reseñarlo. ¿Por qué sucede eso? ¿Qué opinión te merece?
Antes de responder:

«Crítica literaria» puede significar muchas cosas. En los medios de prensa escrita no especializada hay al menos dos especies de críticos. Está el crítico literario en sentido tradicional, aquel cuya labor fundamental —a la que dedica la mayor parte de su tiempo y esfuerzos— consiste en la investigación sistemática, sostenida, de la literatura. Su tarea es de carácter acumulativo y aspira a generar conocimiento. En general, es o suele asociársele a la figura del crítico académico o universitario. Suele irrumpir en las redacciones de medios escritos no especializados ejercitando una forma de la escritura fuera ya de las retóricas provistas por la academia. Creo que los de esta clase son cada vez más infrecuentes, al menos en Uruguay. Luego está lo que comúnmente se conoce en las redacciones como «reseñistas», es decir, lectores calificados, o que aspiran a serlo, que «ejercen» la crítica literaria en el marco de una tarea más abarcadora, la del «periodista cultural». Es claro que en este último caso, el crítico cuenta con ventajas y desventajas respecto de la primera especie. Su labor requiere atender más frentes que lo estrictamente literario y se reparte —a veces con desconsuelo, a veces con alegría— en coberturas que por fuerza o elección exceden la práctica sistemática de la crítica literaria. Yo creo ejercer la crítica literaria como parte de mi trabajo en tanto periodista cultural, pero no me defino como «crítica literaria». El seguimiento, la sistematización, se vuelven más difíciles para estos últimos; como contraparte se goza de una libertad —el no estar ceñido a un único objeto de estudio— que permite saltarse de un autor a otro, o de un asunto a otro; un desorden productivo en el que puede habitar el germen de insinuaciones y descubrimientos de valía.

La literatura uruguaya desafía mucho más que cualquier otra. Para empezar, uno debe tropezarse todo el tiempo con la cara amarga de un autor que se sintió agredido o degradado en el 142 o en el 526, en el 124 o en el 370, en Cinemateca o en Rincón de la Bolsa. Enfrentar caras adustas, despechos indignados, llamadas telefónicas o correos dramáticos no califica como bueno para la salud. Por otro lado es al mismo tiempo curioso comprobar como la extrema susceptibilidad de los uruguayos que libran sus obras al mundo se interesa tanto por la crítica a la que dice menospreciar. Más allá de las prevenciones de carácter anecdótico, me parece natural que la literatura uruguaya desafíe más que cualquier otra: lo próximo, aun cuando se sienta ajeno, tiende por fuerza a generar mayor presión y responsabilidad.

  • ¿La crítica literaria tiene un programa a seguir en el medio al que pertenecés? ¿Cómo se asignan notas, artículos y libros a reseñar?, ¿bajo qué criterios?

Todo lo que sea bueno y todo lo que sea malo, cuando eso (lo sufridamente malo) viene a decir algo de interés. Todo lo que se pueda dar a conocer para no morir de endogamia, de aislamiento. Todo lo que nos haga habitar la literatura como si ahí se jugaran todos los rincones del mundo (los rincones uruguayos incluidos). Es de un consenso bastante natural en Brecha el quién escribe sobre qué. Tiene que ver con la sensibilidad literaria y la trayectoria de lectura de cada quien.

  • ¿Cuál te parece que es o debería ser el rol de la crítica literaria en relación a la narrativa reciente uruguaya?

Como cualquier otro asunto de interés, abordar la «narrativa uruguaya reciente» supone mucho tiempo y una dedicación tan específica como necesaria. ya te conté está en eso, por suerte. En cuanto a la crítica literaria en prensa papel, y en medios no especializados, no son muchos aquellos (aunque por suerte hay algunos) que puedan prometer profundidad y un grado razonable de sistematización. También sería deseable la detección de fenómenos o asuntos literarios (como de escritores de valor) dentro de ese corpus, fuera de lo que a fuerza de tautología termina por reafirmarse como lo único existente o atendible.

  • ¿Cuáles pensás que son los principales problemas que tiene la crítica literaria local en la actualidad?

La economía. La economía y sus formas de distribuir la literatura, en primer lugar. Aquí nos llega poco. Aquí tenemos mucho por descubrir. Aquí y allá deberían ser un solo lugar. El argumento más recurrido es el de la «escala», nuestra escala (lo que se llama «mercado»), pero no parece un argumento justo ni suficiente. Luego están las dificultades para ejercer la crítica literaria con privilegio frente a otros estímulos y requerimientos que también hacen a la tarea del periodista cultural: la imposibilidad económica para que unos y otros —periodistas culturales, críticos literarios en sentido estricto— puedan ser contemplados. Por último están las presiones y manejos de muchos sellos editoriales; un sistema de premio/castigo en el momento de hacerse de determinados libros, de acuerdo al comportamiento crítico de cada medio en relación a sus catálogos y autores.





Gabriel Lagos (la diaria):

  • Hemos escuchado reiteradas veces que al llegar un libro de autor uruguayo a la redacción la actitud de algunos críticos es evitar reseñarlo. ¿Por qué sucede eso? ¿Qué opinión te merece?

Sí, lo he comprobado. Creo que pasan básicamente dos cosas: que hay que trabajar más (porque circula menos material online sobre los autores locales, entonces hay que pasarse horas en uno de esos lugares polvorientos donde guardan y prestan libros de papel para de repente salir con apenas una buena frase para sumarle a la reseña) y porque, en general, los autores de acá gustan menos (de afuera llegan cosas horribles, pero aún así, son horribles muy mediadas; acá el filtro es uno mismo y pocos quieren ensuciarse). Igual una aclaración: mientras estuve a cargo del área de Arte y Literatura en la diaria, no hubo mucha oportunidad de elegir entre visitantes y locatarios, porque decidí darle prioridad a lo local. Era y es un deber comentar en un medio uruguayo lo que ocurre en Uruguay. Así que por cada autor extranjero que comentamos, habría siete u ocho uruguayos. Además, se armó un equipo que le fue agarrando el gusto a comentar lo que pasa acá cerca. Simplemente no se nos ocurría no darle bola a lo local.

  • ¿La crítica literaria tiene un programa a seguir en el medio al que pertenecés? ¿Cómo se asignan notas, artículos y libros a reseñar?, ¿bajo qué criterios?

La línea era que en lo posible la crítica fuera seria y divertida. ¿Oxímoron? No. Seria en cuanto a fundamentada, documentada, debatible. Divertida porque nada garantizaba que fuera «a favor» y porque en lo posible debía incluir la discusión de las ideas que transmite la obra. De ahí paso a la «asignación de notas»: como con el tiempo creo que se logró publicar firmas más o menos reconocibles —tipo: a este crítico le gusta esto; este otro lo odia— en algún momento lo que podía llegar a reseñarse era previsible. Ahí traté de hacer algunas permutaciones, y, obviamente, incorporar nuevas plumas. También, y esto es importante,  había mucha libertad: iniciativa, sugerencias, chisporroteos. Más: si alguno de los colaboradores fijos, o yo mismo, tenía una idea algo caprichosa pero atractiva, esperábamos la oportunidad —una noticia, un aniversario— para bajarla a tierra y volverla viable.

  • ¿Cuál te parece que es o debería ser el rol de la crítica literaria en relación a la narrativa reciente uruguaya?

Ante todo, dar cuenta de que la narrativa reciente existe. Creo que, modessstamente (con varias eses, como decía Mastroianni), ayudamos un poco en eso. Luego, lo de siempre: difundir, discutir, conectar, sugerir, especular. O sea, pensar en ella.

  • ¿Cuáles pensás que son los principales problemas que tiene la crítica literaria local en la actualidad?

Le pasa lo que a muchas formas de arte: es básicamente amateur, y ello tiene consecuencias positivas y negativas. Con amateur versus profesional me refiero puntualmente al aspecto salarial y no al de formación. Aquí es dificilísimo vivir de ejercer exclusivamente la crítica (o de tocar tecno psicodélico). De ahí lo malo, porque es deseable que toda actividad valiosa se valore, y, sobre todo, porque la plata permite contar con tiempo, recursos, etc., para hacer todas esas cosas engorrosas que anoté rápidamente en la primera pregunta. Pero también una actividad amateur garantiza que quien la practica lo haga por interés, afecto, ganas o lo que sea, pero no por la pasta. De acá sale otro tema interesante, pero calculo que para otro foro: el papel del papel. Porque en este esquema amateur podemos llegar a valorar igual una reseña de blog y otra publicada en un medio donde hay conversación previa, posterior, trabajo colectivo sobre el texto crítico (edición o arbitraje, en suma). Pero ese, ya lo dije, es otro asunto.





Eduardo Alvariza (Búsqueda):


  • Hemos escuchado reiteradas veces que al llegar un libro de autor uruguayo a la redacción la actitud de algunos críticos es evitar reseñarlo. ¿Por qué sucede eso? ¿Qué opinión te merece?

A la redacción llegan muchos libros, de autores uruguayos y extranjeros. Ningún periodista evita reseñar nada por su procedencia o nacionalidad. En el número de hoy, jueves 3, hay una extensa nota del libro de Fabián O’Neill, de autores uruguayos.

  • ¿La crítica literaria tiene un programa a seguir en el medio al que pertenecés? ¿Cómo se asignan notas, artículos y libros a reseñar?, ¿bajo qué criterios?

El «programa» literario es igual al plástico, cinematográfico, teatral o musical, ya sea uruguayo o extranjero. Se elige lo que se considera, con acierto o no, de mayor interés periodístico.

  • ¿Cuál te parece que es o debería ser el rol de la crítica literaria en relación a la narrativa reciente uruguaya?

La crítica, en general, debe difundir lo valioso, opinar con criterio y ser lo más clara posible en la transmisión de ideas o imágenes. Y si el periodista es capaz de comunicar de un modo ameno y sintético, mejor. El periodismo, en general, debe informar y hacerlo con el mayor rigor posible. La idea es sencilla, llevarla a cabo no es tan fácil.

  • ¿Cuáles pensás que son los principales problemas que tiene la crítica literaria local en la actualidad?

Lo más difícil es actuar con independencia, y en nuestro ambiente, que es muy chico, hay cantidad de conocidos y amigos vinculados a las artes y las letras. Como es lógico, todos desean que les comentes la obra de teatro, el libro que han editado o la exposición que han montado. La selección de las muchísimas opciones que hay es lo que da el perfil de cada espacio cultural. Y el lector elige.





Soledad Platero (El País Cultural):


  • Hemos escuchado reiteradas veces que al llegar un libro de autor uruguayo a la redacción la actitud de algunos críticos es evitar reseñarlo. ¿Por qué sucede eso? ¿Qué opinión te merece?

Sucede, creo, porque este medio es muy chico, y un medio muy chico es como un pueblo muy chico: todo el mundo se conoce y las acciones tienen consecuencias prácticas que se perciben de inmediato. Hablar mal de un libro cualquiera (o no hablar bien, que para el caso es lo mismo) puede suponer el rencor del escritor que se sintió maltratado, pero también el rencor de sus amigos y allegados, que no pocas veces ocupan lugares de importancia estratégica para quienes se ganan la vida ejerciendo la crítica. Hablo desde el lugar del crítico, claro está. Otro problema, probablemente, sea el de la escasa circulación de material de crítica o de análisis literario en general. Los ensayos literarios que se producen se ocupan, mayoritariamente, de autores ya reconocidos. No hay demasiada producción que explore el nuevo campo de creación literaria nacional, y por lo tanto no hay hábitos de lectura de ese tipo de discurso. Y se espera que los comentarios literarios que aparecen en la prensa funcionen para el lector como una especie de guía de lectura: que le digan claramente si el autor es bueno o malo, si debe molestarse en leerlo, si vale el tiempo y el dinero que costará hacerlo. El trabajo de análisis, la problematización de la lectura o el diálogo que se establece con el resto de la literatura se valoran menos que la declaración directa de las virtudes o defectos del libro. Claro que me parece indeseable y penoso que ocurra esto. Preferiría que la crítica fuera ejercida sin temor de ofender a nadie, con seriedad y con responsabilidad. Preferiría que no se confundiera el debate crítico con el simple intercambio de insultos ingeniosos. Y preferiría que no hubiera que poner un puntaje que le indique al lector si debe o no comprar un libro.

  • ¿La crítica literaria tiene un programa a seguir en el medio al que pertenecés? ¿Cómo se asignan notas, artículos y libros a reseñar?, ¿bajo qué criterios?

No puedo responder por los criterios del Cultural porque no lo dirijo ni tengo responsabilidad en el establecimiento de criterios. Hasta donde yo sé, los coordinadores del suplemento ofrecen los libros disponibles o proponen ciertos temas, y los colaboradores elegimos lo que nos interesa más. Eso no quiere decir que siempre nos llevemos una sorpresa agradable con el libro que elegimos. Muchas veces llevamos algo que resulta ser decepcionante, pero incluso en esos casos hay una posibilidad crítica. Libros muy malos dan, algunas veces, críticas muy buenas. En ese sentido supongo que se podría distinguir entre libros malos y libros irrelevantes. Un libro puede ser malo —El código Da Vinci, por nombrar uno— y ser, sin embargo, relevante, porque es un fenómeno editorial masivo, y eso habilita varias preguntas: ¿por qué se lee tanto esta porquería?, ¿cómo está hecha?, ¿qué nos dice de nuestra cultura? También están los libros irrelevantes, que serían los que ni siquiera inspiran preguntas. Esos son los peores.

  • ¿Cuál te parece que es o debería ser el rol de la crítica literaria en relación a la narrativa reciente uruguaya?

La crítica debería saber todo sobre la narrativa reciente del país. Es en las revistas y suplementos culturales, y en los medios de prensa en general, donde aparecen las primeras lecturas de cualquier texto, y desde donde se puede empezar a trazar un recorrido de la recepción. No sé hasta dónde eso se cumple, pero debería ser así. En un mundo ideal, el crítico debería poder dedicarse exclusivamente a leer lo que se publica. Eventualmente especializarse en un área, o en un género, estar al tanto de lo que dice el resto de la crítica y ser capaz de mantener un diálogo con esos otros discursos. Parece obvio, pero creo que hoy es imposible.

  • ¿Cuáles pensás que son los principales problemas que tiene la crítica literaria local en la actualidad?

El primer problema es la escasez de espacios en donde ejercer la crítica de manera profesional. Claro que cualquiera puede hacerse un blog y comentar libros, pero leer y escribir lleva tiempo. Y la crítica requiere un estado de concentración tan exigente como el que requiere cualquier escritura. No debería ser una tarea de ratos de ocio a la que se dedican los que tienen tiempo. Claro que, obviamente, esto que digo para la crítica literaria es válido para cualquier actividad intelectual. Hay un problema también en el mercado editorial. A Uruguay llega muy poco de lo que se produce, en materia de ensayo literario, en otros países. Incluso llegan pocos textos de autores clásicos, así que ni hablar de asuntos o autores nuevos. Leer teoría literaria, ensayo o crítica es una tarea de empecinamiento y de búsqueda constante. Uno no se topa con libros sobre literatura en las vidrieras de las librerías. Pero supongo que el gran problema es siempre el mismo: dedicarse a la literatura —entendida como el estudio y la reflexión sobre lo literario— es muy difícil desde fuera del ámbito académico. Los nuevos sitios de intercambio que, felizmente, han surgido en los últimos tiempos en torno a proyectos digitales o a iniciativas casi militantes abren varias puertas a la difusión, el debate y a la circulación de autores y textos. Celebro que existan y creo que juegan un papel que ya es importante y que lo será aún más, pero todavía son espacios de dedicación voluntaria y atada a las posibilidades de quien tiene tiempo. Paradójicamente, el tiempo es también lo que hace que su capacidad de afianzarse y transformarse en sitios de referencia se vea limitada: hay tantas publicaciones virtuales, tantos blogs de lectores, de talleristas, de escritores y de entusiastas de todo tipo que es difícil seleccionar los que valen la pena. La deriva a la que nos obliga la lectura en la red conspira contra la concentración que demandan los libros, o los textos sobre libros.





Ramiro Sanchiz (la diaria):


  • Hemos escuchado reiteradas veces que al llegar un libro de autor uruguayo a la redacción la actitud de algunos críticos es evitar reseñarlo. ¿Por qué sucede eso? ¿Qué opinión te merece?

Que son todos unos pusilánimes. En el mejor de los casos. Está esa idea de que hay que cuidarse porque que «acá todos nos conocemos», lo que quiere decir, en el fondo, que a la hora de decir algo tenés que tener cuidado, no vaya a ser que te comas una piña o que luego el reseñado no te incluya en algún librejo o no te invite a un asado de amigotes (tan apreciados por los escritores-bonachones); a la vez, a nadie le gusta quedar como un gil por haber abundado en elogios (y en realidad en esto es medio irrelevante que el libro en cuestión los merezca o no), por lo que si de antemano sabés que no vas a elogiar ni a exponer fallas, callarse la boca es una opción que trae menos problemas. Ese tipo de críticos (si es que cabe el término) debería dedicarse a las relaciones públicas. O convertirse en editores, capaz.

  • ¿La crítica literaria tiene un programa a seguir en el medio al que pertenecés? ¿Cómo se asignan notas, artículos y libros a reseñar?, ¿bajo qué criterios?

Eso deberías preguntárselo a los editores, Gonzalo Tüssi Curbelo y Débora Quiring. Yo voy todas las semanas, miro qué libros hay, y negocio llevarme los que me interesen. Supongo que tanto Tüssi como Débora son capaces de predecir qué me querré llevar y qué no. Y es que soy bastante predecible. Ahora, así como la diaria no me hace llegar ningún programa, esa ausencia la lleno por mi cuenta.

  • ¿Cuál te parece que es o debería ser el rol de la crítica literaria en relación a la narrativa reciente uruguaya?

Leer y decir. Mapear. Sin miedo a equivocarse o a arriesgar hipótesis descabelladas. Corregir los mapas viejos. Aceptar los errores cometidos. Proponer constelaciones nuevas. Leer de nuevo. Entender que los mapas son ficciones y elaborarlos por amor a la ficción. Leer ese amor a la ficción. Pegar patadas en el culo a la gilada que frunce el ceño ante la crítica por, precisamente, eso que ellos tienden a llamar «taxonomías» o, peor, «etiquetas». Pensar. Y leer de nuevo. Hacer pública esa lectura: hacerla palabras. Amar los libros. Desconfiar. Leer desde la paranoia, desde la sospecha. Mejorar los libros. Hacerse cargo del criterio con el que se cree que se ha mejorado ese libro. Vivir ese criterio. Exponerlo en todos los gestos que se hagan, en el corazón del proyecto personal, si es que existe (y debe existir). Asumir que una crítica puede ser mucho más interesante y valiosa que un cuento o una novela. Esta última oración repetida varias veces.

  • ¿Cuáles pensás que son los principales problemas que tiene la crítica literaria local en la actualidad?

¿Los principales problemas? Supongo que los mismos que puede tener la crítica en todas partes, en realidad. Quizá sería más fácil que te respondiera qué problemas enfrentamos críticos concretos, pero no es eso lo que me preguntás. Sobre la crítica vernácula o la crítica en general y sus problemas se me ocurre una pequeña enumeración: lecturas hechas desde el apuro, la desgana o la ignorancia; miedo a decir; miedo a arriesgarse; miedo a pensar; dejarse abrumar por el peso de los escrúpulos o del sentido común.





Ana Inés Larre Borges (Brecha):

  • Hemos escuchado reiteradas veces que al llegar un libro de autor uruguayo a la redacción la actitud de algunos críticos es evitar reseñarlo. ¿Por qué sucede eso? ¿Qué opinión te merece?

La primera razón es bastante evidente: la literatura mundial llega ya preseleccionada. Es verdad que a Uruguay arriba, como en todos lados, una proporción excesiva de basura (libros fabricados para ser vendidos a personas a las que no les gusta leer), pero entre lo que se ha dado en llamar «literatura seria», es decir, con aspiraciones literarias (de la que lamentablemente también llega poco), lo que llega ha pasado antes por un sistema previo de selección en sus países de origen. En los libros uruguayos ese filtro está por hacerse y esa tarea está sembrada de complicaciones. Exige, por ejemplo, leer mucho malo para descubrir el oro, mirar mucho el horizonte para descubrir dónde salta la liebre. Está además la incomodidad del censor, la delicada tarea de evaluar, la cercanía en un país de cercanías. El tema es largo y propone algunos dilemas en un escenario que he visto cambiar en los muchos años que llevo vinculada al periodismo y la crítica literaria en Uruguay.

Creo haber vivido el tránsito en la actitud de las distribuidoras extranjeras que antes estaban mucho más pendientes de la prensa y muchas veces presionaban para que las páginas literarias nos ocupásemos de best-sellers mundiales. Luego se dieron cuenta de que los libros de Isabel Allende se vendían igual (o mejor) sin la intermediación de la prensa escrita. Eso coincidió de algún modo con el desembarco de los estudios culturales, el cuestionamiento a la idea de valor estético y cierta sociologización de la literatura en la academia, entonces también hubo presiones para que se analizase el «fenómeno» de algunos libros. En respuesta, recuerdo una memorable crítica de Elías Uriarte en Brecha , sobre los libros de Ekroth, exitoso ejemplo de autoayuda vernácula. En retrospectiva me encanta esa respuesta tan simbólica: el poeta exquisito y escritor maldito ocupándose y asesinando en el papel de la prensa al autor fenicio era menos un estudio «cultural» que una intervención de estética vanguardista. Claro que no lo mató, Ekroth murió después de muerte natural para ser repuesto en la góndola de esos productos que cambian de marca pero siguen ocupando el «mercado».  Hoy día me parece que ya no hay que explicar a los distribuidores que solo queremos que nos den los libros «buenos» para comentar y las distribuidoras tienen medios de marketing más eficientes para promocionar ese tipo de productos. Cada tanto regresa el reclamo de analizar los fenómenos de consumo; ejemplo: 50 sombras de Grey… Y puede dar buenas notas, pero en general no hay mucho entusiasmo entre los críticos por fabricar esas notas, y seguramente eso es una falta. Esas lecturas de la otra cultura que ensayó Umberto Eco faltan a veces en el medio. Creo que se publicarían con gusto, pero no tenemos por lo general quién las haga bien.

Otro tema es el de la literatura uruguaya y la nueva literatura uruguaya. ¿Quién hace en Uruguay esa preselección que mencioné? ¿Quién hace el canon? (Y también, actividad aquí casi inexistente, ¿quién lo revisa y corrige?)

Hasta hace unos años hubiese respondido sin dudas que lo hace la prensa escrita. A diferencia de lo que sucede en otros lados, Argentina por ejemplo, la academia en Uruguay no incide en ese asunto y, en muchos casos, hasta hace poco los profesores en Humanidades y en el ipa no leían literatura contemporánea.

Oscar Brando afirmaba no hace mucho que nosotros habíamos hecho ese trabajo a la salida de la dictadura cuando empezamos a escribir en Brecha, en El País Cultural y en otros medios, estábamos en los jurados y estábamos en las editoriales. Y que usamos ese poder para consagrar a un grupo de autores y que no lo hicimos mal. Bueno, el juicio —se sabe— lo da el tiempo transcurrido. En perspectiva creo que sí, que de algún modo se armó una suerte de seleccionado nacional, sobre todo en narrativa, que dio sus frutos. La poesía me resulta un territorio distinto que merecería una reflexión aparte y que percibo como debilitada en relación a otros países de América.

Ahora no estoy tan segura de que sea la crítica en la prensa la que arma el canon uruguayo. Es un tema para discutir. Yo me he retirado un poco de ese afán, mis intereses están más alejados de ese entusiasmo por descubrir talentos ocultos que es el motor necesario para enfrentar una tarea que como puse arriba tiene aspectos ingratos. ¿Quién o qué legitima la nueva literatura uruguaya? Es una pregunta pertinente. Si tomo algún nombre que consensuadamente aparece hoy legitimado —Espinosa, pongamos; aunque no es joven es «nuevo»—, creo que se mantiene la regla de que fue legitimado a través de reseñas en la prensa, especialmente de una que firmaba Soledad Platero. En la diaria, Sanchiz parece tener ambición de árbitro pero no sé si logra la persuasión del lector, o si le interesa persuadir a un «público» o crearlo. Por otro lado tal vez esté ocurriendo un cambio y así como los editores ya no esperan tanto de la crítica, los escritores estén creando formas de relacionamiento que prescinden de esa mediación. Alguien me hizo notar que en esta última Feria del Libro, los escritores se presentaban a sí mismos, a veces en grupo, pero salteándose la figura del crítico como mediador. Está ese grupo de narradores nuevos que juegan al fútbol que parecen operar también como team en el ambiente literario y, aunque es algo incipiente aún, tal vez inauguren un modo renovador de visibilidad y acceso a los lectores. Es otro tema a examinar.

Siempre he pensado que en Uruguay los premios literarios no consagran autores. Nadie iría a comprar un libro preguntando por el último premio, como ocurre con el Pullitzer o el National Book Award o el Goncourt en otras latitudes. Sin embargo, recién se me ocurrió que muchos nuevos autores son ganadores de los Lolita Rubial que promueve Banda Oriental y que tal vez eso tenga algo que decirnos.

Creo, finalmente, que la intervención de ya te conté, es un síntoma de nuevas maneras de relacionamiento con la nueva literatura. La academia, antes perezosa o indiferente, viene a ocupar un lugar y lo hace a través de sus estudiantes, una forma renovadora. ¿Alcanza ese «agite» para legitimar una literatura? Por lo pronto cumple a dar visibilidad a la creación nueva y ayuda a colocarla en un lugar de deseo, lo que no es poca tarea.

Veo que es tarde y me extendí en una sola pregunta, pero seguramente invadí parcialmente los interrogantes que seguían.

Mi visión del estado de la cultura uruguaya, de la literatura, de la crítica no es hoy muy magnífica. Creo que somos amnésicos, no solo con la tradición, y la cultura no existe sin tradición, aunque sea la tradición de la novedad, sino incluso con valores nuevos que porque se trasladaron geográficamente son borrados de nuestro mapa —la talentosa Fernanda Trías, por dar un ejemplo, raramente es mencionada cuando se habla de la nueva producción literaria—. Creo que si en algunos países resulta excesiva la perpetración de papers&  a autores y a obras que todavía tienen la tinta fresca de su primera edición (España, Argentina son casos), en Uruguay se peca por el otro extremo. Como ejemplo: cuando armé la revista dedicada a escrituras del yo, hubiese querido incluir más trabajos sobre «yoes» más cercanos. Los ensayos literarios (que han mejorado con la profesionalización incrementada en tesis y tesinas) es acaso demasiado historicista. Falta también más actualización literaria, más internacionalización, más contrabando de fronteras, corremos el riesgo del provincianismo y del aislamiento.

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