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enero 08, 2013

Ahora sí, con esta segunda parte concluye la entrevista a Gabriel Peveroni. En esta oportunidad lo veremos hablar sobre el mapa de la narrativa de los 90', el carácter insular de los escritores por un lado, pero la coincidencia de temas nuevos, muy diferentes de los de la narrativa anterior. La ausencia de realismo mágico en Uruguay, la novedad en la literatura actual, los crueles, su época de Posdata y la posterior en Freeway. Como dato importante les confirmamos que Peveroni va a ser uno de los participantes del primer encuentro de YA TE CONTÉ, el 19 de enero en Valizas.

 Entrevista a Gabriel Peveroni: 

por Diego Recoba

Leer parte 1

2

Intentando mapear la literatura de esos años, salta la dificultad de agrupar, más allá del grupo de los llamados “crueles” a escritores con proyectos o búsquedas coincidentes.
· Ana Inés Larre Borges (Brecha)
· Ramiro Sanchiz (la diaria)
· Soledad Platero (El País Cultural)
· Eduardo Alvariza (Búsqueda)
· Gabriel Lagos (la diaria)
· Sofi Richero (Brecha)
generique du cialis

Es muy difícil agruparnos, éramos todos como islas. Casacuberta estaba metido adentro de Levrero y es para mí uno de los importantes de los 90. Trujillo, otro importante de los 90 no tenía ningún problema con el parricidio, él estaba metido con Banda Oriental y desarrolló lo que pudo dentro del aparato editorial independiente progre. El asunto es por qué ese aparato progre nunca fue a buscar ni a Escanlar, ni a mí, ni a Mella. Después Trilce publicó a Mella, es difícil cortar ahí, pero Mella es el que hizo el gol más lindo, al que le fue mejor con Derretimiento. Sí nos sentíamos agrupados en esa cuestión de McOndo, sobre todo por las lecturas. Mella estaba poseído por Easton Ellis y Salinger y yo de algún modo también, no tanto por ese lado si no por la idea de basta de esto, basta de literatura histórica, basta de revisar el pasado, a nosotros nos interesa el presente, o comunicarnos con Onetti, vivimos en una ciudad metropolitana y con ruido y eso es Escanlar. Y la droga. Todos éramos muy felices escribiendo novelas en las que hubiera droga y creo que había mucha y era parte de la estética y del corte. A mí me quedó grabada siempre una critica que me hizo Pablo Rocca que era muy interesante para analizar. Él decía sobre La cura: “bueno, está todo bien, pero esta literatura es de clase media alta, de gente que tiene otros problemas que los problemas reales del Uruguay” y me causó mucha gracia. Era la misma critica que le hacían a Fuguet, lo acusaban de ser de derecha porque hizo una novela en la que el personaje principal era de una familia que había votado a favor de Pinochet en el plebiscito. Cada uno plantea lo que quiere, puede y conoce, yo no podía dejar de narrar lo que estaba cerca mío, la noche, Juntacadáveres, y andábamos en los autos de los padres, no puedo hablar de otra cosa, no podía hacer una novela lumpen, en ese momento, con eso.

Respecto a Fuguet y McOndo. La lucha de esa antología era contra el realismo mágico en los centros de poder, sin embargo el realismo mágico no prendió en Uruguay.


Es verdad lo que decís, en Uruguay no había realismo mágico. De repente nos pegaba mal el cine argentino de Solanas y de Subiela, que era una forma de narrativa que teníamos arriba en esos años, eso lo veíamos como una forma de realismo mágico. Y al mismo tiempo era divertido decir: “y vos que te burlás de Subiela y de Solanas, ¿por qué no te burlas de Kusturica y Underground? ¿Porque sea europea no es lo mismo?” En Galeano puede haber algo de realismo mágico, más bien política mágica, te pongo cuatro palabras quedás contento y sos de izquierda. Y contra él también hubo ataques nuestros.

Sanchiz plantea en un artículo publicado en el blog de YA TE CONTÉ, la posibilidad de que desde ese cuarteto de los llamados “crueles”, formado por vos, Mella, Escanlar y Henry no ha habido novedad en la literatura uruguaya. ¿Qué opinión te merece?

Ellos eran más crueles que yo. Recuerdo cosas lindas porque son gente que me caía muy bien. Sobre todo era interesante Ricardo Henry, a pesar de su corta obra, pero él era interesante como personaje y como faro. Tenía una librería donde íbamos todos a comprar libros y discos, nuestra Internet era Ricardo Henry. Lo que me parece es que de todos esos Escanlar era el que estaba más metido en el barro de acá. Creo que Mella, y a mí también supongo que me pasaría un poco, teníamos mucha más literatura encima. Escanlar siempre me decía una cosa, me lo dijo para la edición de Tobogán blanco y me lo había dicho con La cura, “está todo bien pero tiene mucha literatura”, en el sentido peyorativo de la literatura, “bajalo”. Y capaz que tenía razón, a él le gustaba que fuera bien sucia la estética. La tenía muy clara, era todo muy previo a una estética más indie, o más reality show, cosas que ya en los 2000 es más fácil de identificar en cualquier cosa, desde Cucurto a lo que quieras. Es más fácil llegar ahí porque ya se llegó, en ese momento no era tan sencillo el planteo de Escanlar, y las historias que cuenta creo que la mayoría deben de ser ciertas. En cambio yo leo a Mella y uno ve cosas que parecen una escena de Seven [“Pecados capitales”], y tiene algo de eso, de repente técnicamente es mejor que Escanlar y asusta. En esa época veíamos películas de Tarantino y eso nos influía. Pero por ejemplo, para mí una de las cosas más interesantes en la narrativa de los 2000 es el teatro de Gabriel Calderón y de Sergio Blanco que como acá son todas cosas estancas, la gente que curte literatura no lee eso. Esa generación esta hablando también de acá, eran niños en la dictadura, mucho más chicos que yo. Si era cruel Escanlar o Mella, Calderón lo es mucho más. Yo como crítico o como escritor, en ese caso estoy en los dos lados porque el teatro lo conozco bien, estoy en esa escena, siento que hay un descuido muy grande de críticos jóvenes que de repente no le están prestando atención el teatro uruguayo. Nosotros no pudimos hacerlo porque en los 90 no había casi teatro uruguayo joven, ni siquiera había teatro uruguayo porque la mayoría de los directores estrenaban obras extranjeras. Pero con la crisis se generó una dramaturgia y ahí surgen nombres como los de Blanco y Calderón que son muy importantes, a nivel narrativo tan importante como escritores de novela. Me acuerdo de haber visto junto a Forlán un espectáculo de la Antimurga BCG que no se si es porque yo estaba drogado, año 89 o 90, pero para nosotros eso era como la comedia musical punk rock que no habíamos visto en Uruguay, y era súper fuerte. Por eso te digo, hay niveles narrativos que están en otras áreas, como en la música El Cuarteto de Nos, en el carnaval, el teatro, y a veces las lecturas académicas lo pasan por alto.

De algún modo, Posdata fue un centro de crítica de hegemonía, como un faro. Luego de eso parece que no hubiera más ese tipo de medios que marcaran la agenda o el canon.

Brecha o El País Cultural tendieron siempre a encerrarse en una, dos o tres ideas. El acierto de Flores Silva como intelectual fue el de articular un equipo absolutamente diverso y jugarse. A mí me llamo Rafael Courtoisie para trabajar en Posdata, yo tendría 23 o 24 años y estaba todo rapado medio punkie. Había trabajado en El Día. Rafael creía en mí y me dijo “vos mentí en esto de que no sabes inglés porque igual después no lo vas a necesitar”. Fui a una entrevista con Manolo y según me enteré años después él se asusto porque pensó “este pendejo no puede escribir nada”. Después lo entendí. Mi figura era lamentable, no vendía nada, pero por suerte me fue bien. Eso de Flores Silva hizo Posdata, al loco le decían Levrero y él decía bárbaro, de repente no tenía muy claro eso, pero sí tenía en claro que si Rafael le decía una cosa o Fidel Sclavo le decía otra o después si yo le decía tal otra, él bancaba. En determinado momento yo hacía trabajo de planta en cultura con Lucía Calamaro, que era un personaje, una italiana que estaba perdida en el Uruguay, muy culta y muy joven. Y escribíamos sobre Artaud, David Bowie, todo muy under y alternativo, y un día Manolo nos sentó y nos dijo basta. Hay una cosa que ustedes tienen que entender, para que lo alternativo sea alternativo tiene que haber un mainstream. Para que lo alternativo sea alternativo tiene que ocupar el lugar de lo alternativo, porque si ustedes lo ponen ahí la mayoría de los lectores no lo leen porque no lo entienden, no lo agarran y estamos dando la señal equivocada. Creo que es una idea brillante. Es una idea de tensión, podés estar de acuerdo o en desacuerdo en diferentes momentos, y es una idea para romperla y tensarla. Nosotros trabajábamos como en una isla y eran islas los que escribían, no le rompíamos las bolas a nadie y eso hacía una cosa mucho más libre y más tendiente a que los discursos se ramificaran. Creo que Brecha y El País Cultural tendían a lo contrario con esa cosa de cuidarse de lo que decían. Y después está Tres que era más descuidado, tuvo momentos buenos, pero a Escanlar no le dio para armar algo, sus notas sí, pero no el alrededor. Ahora tenemos la diaria, yo lo que le temo a veces y creo que Posdata de eso se salvaba un poco, es que se crean rápidamente cosas endogámicas muy cerradas. Eso es muy peligroso y lo noto ahora en la diaria.

Cuando cierra Posdata ese proyecto parecería quedar trunco. Sin embargo se podría ver a Freeway como un puente o una transición entre los 90 y la década siguiente.

Hay otra cosa que no es menor y que tiene que ver con la crisis del 2001/2002, que es parecido a lo que pasa en España ahora, y tiene que ver con lo que me preguntabas al principio de los 90. Creo que es la misma euforia que vivimos ahora solo que ahora es más radical y el consumo es mucho más atroz que cuando estaba Lacalle, se venden más autos ahora que en la época de Lacalle y el presidente festeja que se vendan más autos igual que Lacalle. Analizar ese tiempo nos permite analizar este. Es cierto, lo nuestro era una cosa más frívola, nos sentíamos una generación más frívola que la otra, era nuestra pequeña culpa. Había algo que incomodaba que nunca entendí hasta la crisis del 2001 y era que nunca hablábamos en serio. Y ahí Escanlar se salva porque él siempre hablaba en serio, en su “en serio” y no era frívolo Escanlar diciendo que había que escuchar a Los Iracundos, era frívolo si yo lo decía. Es como que perdimos demasiado tiempo escribiendo y pensando pelotudeces y equivocándonos mal. Yo en Posdata quería desarrollar un proyecto que se cruzara con Tentaciones de El País de Madrid o Radar de Página 12, y eso era frívolo, la frivolidad en ese momento era ruptura con la generación anterior, era Easton Ellis, el rock latino, Mano Negra y dejar de lado el canto popular. Los dos grandes bloques en Posdata de eso eran Aldo Mazzuchelli en Insomia y yo con la sección de espectáculos que era más frívola que cultura. Aldo se encerró en una nube de lo súper cool, con cosas brillantes y cosas a las que yo no accedía, estaba ese conflicto. Cuando aparece Freeway y Pimba eso me encantó, tiene que ver con lo que te decía de La Vela Puerca y Control Z, me alucinó que no hubiera un dueño histórico de los medios por detrás. Cuando conocí a Carlos Taran - que era el dueño de Freeway - para hacerle una nota dije “ah la mierda, este guacho es más chico que yo y se mandó esta revista emprendedora”. Y ahí me invitó a laburar y yo desarrollé mi proyecto. Que lo viví muy fuerte. Mi intención era primero eliminar la misoginia, el machismo y la homofobia que había al principio en Freeway, y después que toda la gente que escribiera lo hiciera con pasión y en lo posible darle espacio a escritores y no a personajes de la radio que como son de la radio escribían. Yo quería que escribiera Dani Umpi, Mella, Mardero y toda gente que si sos escritor es porque tenés algo que decir. La llevé más al concepto blog, que es propio de la época, hacer que la gente hable más de sí misma, y eso tenía problemas, yo sentía continuamente el rechazo de gente que decía estoy harto que hablen de sí mismos, pero era mi concepto, a mí me gusta esto. Jugando con el blog y la literatura confesional e incluso para recomendar un disco, que pase por vos. Y fuimos por ahí hasta que se acabó.

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