enero 05, 2013

Jorge Fierro, integrante del equipo de YA TE CONTÉ, nos presenta su mirada sobre Escanlar. Contextualiza al "cabeza" entre sus enemigos, sus amigos McOndistas, el grupete del ’45: esa generación. Quienes lo lean estimarán otros pormenores y harán las conexiones -o desconexiones- con el artículo de Luis Bravo La ficción dionísiaca.

Este artículo resume, en parte, una intervención de YA TE CONTÉ en la Facultad de Humanidades de la UdelaR, en la clase de Literatura Moderna y Contemporánea.

 El escandaloso Escanlar 

Por Jorge Fierro


- Gustavo, si tuvieras que describir al Uruguay y a los uruguayos usando 5 características, ¿cuáles serían?
- Muchas Gracias
GUKW

Uruguay: invento de lord Ponsomby, inviable, dependiente, a mitad de camino, gris, penillanura.
Uruguayos: envidiosos, intolerantes, con miedo a la libertad, incultos, mitómanos.


Podría ser curioso que el propio Fuguet considerara a Escanlar como el más McOndiano de los McOndistas, sobre todo teniendo en cuenta que en Uruguay no existió ese hábil truco llamado realismo mágico, o al menos si lo hubo, no fue algo canonizado. ¿Indigenismo charrúa? Ausente por razones de fuerza mayor. 

Tampoco se podría hablar de un folclore criollo que caracterice a las letras nacionales más destacadas, ni a la interna, ni for export. Por el contrario, en estas escrituras, primó La ciudad. Es claro que no la del país McOndo, “sobrepoblado y lleno de contaminación, con autopistas, metro, tv-cable y barridas,” además de Mc Donalds por supuesto, y hoteles 5 estrellas, tal como se lo mapea en el prólogo a la antología McOndo. Nuestro paisito no tenía en la época del boom latinoaméricano –tampoco en la actualidad– ni metro ni autopistas. Tenía, eso sí, faros, con arquitectos llamados Benedetti y Onetti que trazaban calles con sus respectivas direcciones en Montevideo y en Santa María. Faros que según algunos enceguecían (como el faro Eduardo Galeano) y faros que determinaban con su luz quién existía y quién no, a saber: el faro semanario Marcha. 

Para Escanlar nuestro realismo mágico era precisamente esos faros, y su máxima devoción sería dinamitar esos vidrios de colores que tanto engañaban –con suizas de América y guías Benedetti de Montevideo–  a extranjeros, y peor aun, a locatarios. El faro padre tendrá nombre: Cultura Oficial, y apellido: Tradicional de Izquierda. Tendrá como firma Generación del 45 (Adanes y Noés de la cultura según el cabeza Gustavo). McOndo viene a señalar que ese padre moralista se está muriendo de viejo, y que por lo tanto no hay parricidio ni contracultura. Surgen nuevas estéticas bastardas, llenas de MTV, de Windows y Macintosh, de Bukowskis y Carvers, y surgen sencillamente al margen de lo anterior, plena y sinceramente indiferentes. Así lo reconoce el propio Gustavo Escanlar, que aparece en escena con una carta de los lectores en el semanario Aquí (en 1987), comenzando su performance demoledora contra Benedetti, defendiendo a esos jóvenes que luego serían representados en McOndo: 

“Jóvenes cuyas preguntas no se pueden responder con argumentos benedettianos. Jóvenes que no son críticos ni intelectuales, que no gustan de la literatura de Benedetti y se lo dicen sin que él les pregunte, así de agresivos y maleducados son. Jóvenes cansados de discusiones de boliche y de comité de base, cansados de un patrón cultural impuesto y dictatorialmente marcado a fuego por la Generación del ´45.”

Estas palabras repetía Escanlar hasta el hartazgo cual estrategia goebbeliana exagerada. No distinguía matices, ni etapas, ni ideas entre esa Generación del ‘45; y no lo hacía porque se trataba de una lucha simbólica, y en definitiva, todo símbolo siempre es una generalización reduccionista, como la América Latina del realismo mágico, con su izquierdismo, su indigenismo, su folclore levitante. Benedetti y Galeano fueron vapuleados periódicamente del 87 en adelante, en columnas de opinión y en textos narrativos, y eso (la incorporación de opiniones de “la realidad” a sus ficciones),  le da un carácter excepcional a Escanlar, que no desaprovechaba pedazo de papel donde cupiese un dardo, y pudiera continuar su reescritura del tratado de la imbecilidad del país.

“Por qué gusta Galeano.
 a) Galeano es una religión: apelando a la fe del lector, le dice lo que el lector necesita escuchar. La fe es más importante que la verdad. Por eso Galeano es más invocado que leído. Más o menos como la Biblia o el Corán. 
 b) Ofrece un sistema universal, una cosmogonía única y segura. Su literatura es un gran útero protector, un gran Partido Comunista del mercado literario.
 c) No escribe mal. Sus frases son como nanas para leerles a los niños antes de dormir. Más, me consta que algunos padres lo hacen.
 d) Lo puede entender cualquiera. Es simple. 
 e) Su manipulación de la historia deja al lector contento y satisfecho consigo mismo.” 

(Búsqueda, 17/04/08) 


Hoy en día es muy común encontrarnos con personas que sin haber leído a Benedetti ni a Galeano los denuestan, o al menos, aseguran que son pésimos escritores, o mínimamente, señalan que no les gusta su obra. Es el snobismo del que habla recientemente Andrés Newman, refiriéndose a las poses de “no me gusta García Márquez”,  se trata en este lado del Plata de la materialización de la batalla de Escanlar.  Allá en Buenos Aires, Escanlar advertía que la Montevideo que describen los porteños es completamente falsa, que no se opone a la capital argentina. El realismo sucio que practicó se encargó de llenar a tontovideo de chantas, de chorros, de dealers, de putas y putos, de alcahuetes o corruptos, para poder desarmar ese imaginario común que sobre nuestro Uruguay Natural se construyó. 

“A las dos de la matina bajó y se puso a recorrer la Ciudad Vieja. Piró con la cantidad de putas y travestis que se le cruzaron. Y con las cantidad de chetos al pedo en los boliches. Y con la cantidad de planchas rastrillando radios de los coches estacionados. “Entonces acá también hay zona roja”, pensó creyendo que todo Montevideo era igual, intuyendo que en este ispa la iba a hacer bien, que se podía forrar.”  
(En Dos o tres cosas que se de Gala)

El antihéroe, es decir, el héroe de lo políticamente incorrecto, el que escribe cuentos sobre un Jesús que todos siguen porque pasa merca gratis; o acerca de un personaje que dice ser de izquierda y ecologista para levantarse europeas que “entregaban solamente porque el <<prefecto>> era de izquierda y vos decías apoyarlo” es realmente gracioso. Pero en algún momento deja de serlo, al menos para cualquiera que no sea un mero nihilista radical.  Del candidato a presidente que quiere legalizar la violación, o de la imitación declarada a Michael Jackson –"porque quién no quiere cogerse a un niño"–,  a los personajes que matan a sus respectivas madres y los que terminan torturando a un niño. En algún momento, a todos nos toca ser víctimas de la batalla de Escanlar contra cualquier valor. Era un verdadero provocador, y como tal, no lo era sólo de los otros, aquellos que disfrutamos sean provocados, también en cierta instancia nos provoca a cada uno de nosotros y en ese sentido no nos escapamos de ser un Galeano o Benedetti momentáneo (aunque no nos demos cuenta). 

Y el propio Escanlar buscó algún punto de referencia, y también se llegó a indignar, y se sintió maltratado (como en el episodio de las fotos de su internación, en el que los enfermeros jugaron a ser Escanlar con el propio Escanlar) y hasta llegó a esbozar alguna autocrítica y alguna mínima expresión de simpatía por algo de aquello que tanto defenestró: 

“A través de sus películas, Rebella demostraba que pertenecía a una generación en el fondo más inteligente que la mía, unos quince años más vieja. Una generación que, al mismo tiempo, podía comprender y hasta amar la uruguayez, y reírse de ella al mismo tiempo. Rebella me hacía pensar en nuestro patetismo, pero a la vez lograba hacerme reír del chiste que ese patetismo lleva adentro. Y gracias a esa risa y a ese chiste, Rebella lograba lo que casi ningún artista uruguayo había logrado (ni Onetti, ni Levrero, a veces Felisberto): que esas criaturas cómodas, patéticas y enfermas que son los uruguayos despertaran ternura y compasión.”

(Montevideo.com, 13/07/06)

8 comentarios:

  1. muy bueno, muy bueno.

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  2. Alejandro Gortázar6 de enero de 2013 08:51

    Es difícil comentar tu texto. Sobre todo porque el planteo de Escanlar sobre el oficialismo de izquierda en la cultura es un poco simple, digo, como análisis de la política en la cultura. Pero ta, a él le sirvió y lo usó hasta morir. A mi me afecta porque soy de izquierda y no repito a Galeano, ni a Benedetti (no entiendo que hace Onetti en ese discurso), ni me gusta la murga. Me afecta porque en algún sentido él toca algo que molesta. Tampoco me da para denostar a la gente que le gustan esas cosas, a los militantes de base, a los que van a los ensayos de las murgas, etc. Y a veces me embola esa imagen de "nosotros" los uruguayos. También es difícil comentar la nota porque leí muy poca cosa de Escanlar. Alguna columna en Búsqueda y poco más. Hace poco Federico de los Santos colgó un cuento de él y me gustó. Me parece que hablás del personaje pero un poco menos de literatura. Me gustaría saber más sobre su obra. Hay una sola cosa que creo que es discutible en tu artículo. Decís que en Uruguay no hay "un folclore criollo", está claro que te referís al realismo mágico, pero en verdad lo que vos decís sobre la ciudad es un discurso que construyó precisamente la generación del 45, que se levantó contra la literatura de temática rural que fue hegemónica desde fines del siglo XIX. Lo que aportó la generación de Escanlar, que creo que es McOndista en un sentido muy general, al menos cierto sector, es precisamente ingresar a la literatura un conjunto de referencias culturales del rock, por ejemplo, a narradores como Bukowski y otras tantas cosas (como el consumo de drogas) que eran vistas con cierto temor por la gente de la cultura. Por eso algunos fueron censurados o vistos como alienados, o tratados con indiferencia, sin conciencia de clase y bla bla bla. Es un discurso seductor si se ve la pacatería con que se siguen interpretando algunas cosas en Uruguay. Pero para mí tiene sus límites. A veces lo de Escanlar ("el personaje") es una provocación que cae en el vacío. Saludos

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    1. Jorgito Fierro8 de enero de 2013 15:01

      Estimado Alejandro! Gracias por tu comentario y por el constante apoyo a nuestro proyecto. Coincido en que la mirada de Escanlar es un tanto simple, sobre todo reduccionista y estereotipada. Metió muchas cosas en la misma bolsa sin advertir matices (no es lo mismo las páginas literarias de Marcha dirigidas por Ángel Rama que las dirigidas por Emir Rodríguez Monegal). Creo sin embargo que esa reducción simplona sirve como estrategia de lucha contra los reduccionismos simplones de la izquierda, que Escanlar focalizaba en Benedetti y Galeano Un aspecto igual de preocupante que el reduccionismo de la izquierda es su discurso totalizante ese que ante las críticas se pone en una posición de que sos un facho o de que le haces favores a la derecha (hay un chiste que refleja esto muy bien… dice que sólo podés ser dos cosas de estas tres: de derecha, inteligente y buena gente). Creo que Escanlar advirtió eso, así como advirtió muy temprano que el quilombo vende, y se atrevió a dar batalla exagerando las cosas con su personaje. Su literatura está cargada de todo esto. En casi todos los textos que leí hay algún comentario dándole palo a la izquierda. El personaje Escanlar lo es de su obra escrita tanto en ficción como artículos de prensa.

      Es muy cierto lo que decís sobre el folclore criollo y el discurso de la ciudad en la generación del 45. Y si bien la ciudad se vuelve dominante a través de ese rechazo de la literatura de corte rural, esa misma generación parece valorar mucho a Mario Arregui (creo que varios de sus cuentos aparecieron en Marcha) lo que indicaría que no se trataba de un corte tan cerrado entre ciudad y campo digamos. Los McOndistas lo que vienen a hacer es a mostrar otra ciudad que se opone a la de la generación del 45. Se opone porque ven cosas distintas de la misma ciudad, y porque también la ciudad efectivamente cambió. A eso hay que sumarle la conveniencia y necesidad de oponerse.

      Respecto a Onetti, es un intocable. Por ahí anda una nota que señala a Bukowski y a Onetti como los autores que marcaron mucho a esa generación. Se lo ha leído como nihilista, no volvió a Uruguay – y su obra tiene muchas “críticas a la uruguayez”- y está esa anécdota de la vez que le preguntaron si había leído la última novela de Benedetti y contestó que sin leerla ya no le gustaba.

      Saludos y gracias de nuevo.

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  • Ocurre que el folclore criollo y sus variantes contienen a Onetti, Galeano, Benedetti y Escanlar, cada uno de ellos nos guste o no, sea bueno o no tanto. Y a otros muchos.
    Leí casi nada de Escanlar pero reivindico el derecho a opinar sin necesidad de hacerlo. Me gustaba su rol revulsivo, sobre todo cuando nos criticaba a nosotros. Su principal creación era su personaje, como en tantos otros casos. Esa función de épater les bougeois es necesaria y sana; se puede hacer mejor de lo que lo hacía él, pero en general se hace peor, sobre todo cuando aspira a cierta difusión.
    Uno de los problemas intelectuales es si la difusión necesita de simplificación. Sería bueno que no.
    María Simon

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  • Hola, la verdad no me gusta Escanlar, y tambien creo que es muy simple demasiado politicamente incorrecto que redunda en boludez revolucionaria.
    Hay pruebas de que hacia plagio deliberadamente, entonces porque darle vida a un personaje como estos?? cuando hay mucha gente exitosa casi desconocida.La verdad no lo entiendo,pareciese como si este proyecto estuviera unidireccionado hacia determinadas personas, hay varios colaboradores de La Diaria por ejemplo y ninguno de otros diarios que trabajen en los respectivos suplementos culturales.Entiendo que como es un grupo de jovenes y es una movida juvenil le den espacios a sus amigos de la diaria, pero me pareceria enriquecedor que se ampliara un poco mas el campo.Saludos

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  • Escanlar?! Era el que mostraba por tv el pito-clítoris de una travesti! El que bebía pis en la tele! EL que practicaba el deporte más fácil del mundo, el de provocar por provocar. El que no era uruguayo porque pensaba que los uruguayos eran como él se los imaginó. El que odiaba a los uruguayos que él mismo imaginaba y por eso mostraba travestis y putas por la tele, nada más porque partía del supuesto de que a los uruguayos eso les incomodaba y que ese reflejo los uruguayos no querían ver. Por favor... el típico gordo boludo uruguayo... (Mi comentario es al mejor estilo Escanlar).
    Yo detesto a Benedetti y a Galeano pero no hace falta ser un Escanlar para eso. Ahora leyendo esto me da como urticaria la comparación Onetti. Levrero Escanlar Bukowski. Era un gordo mamerto que murió puteando, repleto de falopa, eso era y así terminó. Escanlar decía "¿quien no quiso cogerse a un niño?!" y con eso se ganó el nombre de provocador... que fácil, es como que yo ahora me ponga a decir que me gustaría cogerme las cenizas del gordo mientras me tomo el pis de mi novia. Ese era el estilo Escanlar. Fácil, ingenuo, enojado, reduccionista.

    yanpolbelmondo

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  • Hola a todos. Soy uno de los asistentes a la mencionada exposición en la clase de Lit. Moderna y Contemporánea, y creo no exagerar si digo que todos allí fuimos víctimas de un ataque póstumo de Gustavo Escanlar. Por momentos pareció a muchos que el estudio de un autor de alguna manera debe necesariamente devenir en una reivindicación de ese autor, con todo lo que tiene de revulsivo Escanlar y su personaje público. Del mismo modo creo que resultó chocante sobreentender, como Escanlar, que autores como Benedetti o Galeano y sus obras respectivas son automáticamente pasibles de condena.
    Lo cierto es que a algunos al menos la charla nos despertó cierta curiosidad por conocer más de la obra del maldito. Unas semanas más tarde, encontré en Tristán Narvaja “Estokolmo”, a un precio que me pareció excesivamente bajo para ser una edición que supongo única de una novela de un autor fallecido. Si bien creo que es una buena novela, se nota que Escanlar se toma demasiado trabajo en incorporar al relato (a duras penas) los mismos ataques que constantemente hacía como periodista/mediático/provocador. Hace pensar que no pudo concentrarse en su rol de novelista ni liberarse del personaje que violentamente intentaba mandar un mensaje a los uruguayos (la edición, sin embargo, es española).
    Estaría bueno que, además de señalar el carácter rebelde, iconoclasta o “parricida” del autor agregaran al blog alguna semblanza de su obra por fuera de ese perfil, si es que existe algún aspecto así.
    Más allá de Gustavo Escanlar, el proyecto que llevan adelante me parece muy bueno.
    Saludos
    Dante

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  • a mí la impresión que me da es que a escanlar nadie lo leyó ni a nadie le interesa leerlo
    ya le llegará el olvido

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