junio 13, 2013

Carmela Marrero continúa el diálogo con Félix Bruzzone. En esta segunda parte de la entrevista las editoriales en Argentina, su rol en el proceso de escritura y el proyecto Tamarisco en particular abren el camino para reflexionar sobre estos y otros temas.

 Entrevista a Félix Bruzzone 

por Carmela Marrero

Leer parte 1

2

¿Cómo se organiza el panorama editorial en Argentina?

Los textos de ficción son solamente un nicho dentro del mundo editorial, después tenés toda otra cantidad de libros que son los que realmente se venden, que se dedican a política, cocina, etc. Hay editoriales grandes que dedican parte de su catálogo a los libros de ficción, algunas son mejores que otras y creo que tienen dinámicas bien diferentes. Por ejemplo, Planeta busca ganar, por eso publica libros con la certeza de que se van a vender, y si no, los saca del mercado inmediatamente. En cambio, Sudamericana o Mondadori —en realidad acá se llama Random House Mondadori— es bastante más jugada; le interesa más tener un catálogo de escritores, y que esa rueda que se va armando sea interesante, que esté ahí dando vueltas y si se vende, bien, y si no se vende, no importa. Si ves los libros, te das cuenta de que son mucho más jugados. Y Alfaguara realmente no sé, pero no he visto que publiquen autores jóvenes. Parecería ser un sello más conservador.

Después hay una enorme cantidad de editoriales medianas, como Adriana Hidalgo; a esta altura creo que Eterna Cadencia sería una editorial casi mediana, tiene bastante libros publicados; también Interzona, Beatriz Viterbo, bueno… se me escapan. Y todas ellas publican variedad, cada una tiene sus preferencias y está bien que sea así.

Después de 2001 surgieron muchísimas editoriales chiquitas, autogestionadas, incluso de autor; esto significa que le cobran al autor la imprenta o algunos otros costos. Hay muchas editoriales que se financian de ese modo, pueden publicar diez o veinte libros por año y algunos de esos son muy vendidos.

En Tamarisco nos dedicamos a publicar primeros libros de autores nuevos. Esto se dio un poco por casualidad, porque no era la única idea que teníamos cuando comenzamos, pero en los hechos fuimos por ese lado. Esta línea editorial es de un gran riesgo, imaginate, gente que no es conocida fuera de nuestro grupo y de gente afín. Comenzamos a publicar muy poquito, dos libros por año, con suerte. Pero podemos trabajar bien con esos libros, hacer que el autor se mueva mejor y darle más bola. De los libros que hemos publicado han salido escritores que después lograron consolidarse o por lo menos proyectar una obra y sacar otros libros. Entonces la apuesta nuestra fue esa: encontrar o tratar de encontrar autores relativamente jóvenes y que nos interesara que pudieran contar algo de una forma atractiva y que eso luego se convirtiera en una suerte de intervención a futuro, porque queríamos que esos autores pudieran continuar escribiendo, no que escriban un libro y ya está, sino que puedan ser autores a futuro y que esa obra intervenga en el campo literario, si se quiere.

¿Por qué crear Tamarisco?

Por el hecho de poder generar una movida y una intervención en algo que nos interesaba a nosotros; los cuatro que formamos Tamarisco somos escritores. También queríamos generar una intervención, y las opciones eran escribir un libro y llevarlo a una editorial y estar apechugando para que nos publiquen, o hacer nosotros una editorial generando esta intervención que nos interesa hacer no solo con nuestros textos, sino también con los textos de otros. Y me pareció mucho mejor la segunda opción.
Tampoco era tanta la inversión porque, como te digo, los costos y las posibilidades de hacerlo en estos últimos años se facilitaron muchísimo, más teniendo en cuenta que las tiradas empezaron a ser accesibles. Antes para publicar un libro tenías que hacer cinco mil ejemplares; obviamente para nosotros hacer ese número es casi imposible porque no nos alcanza la plata, pero sí podemos hacer quinientos ejemplares y ya con eso generamos una pequeña intervención, entonces bueno, hagámoslo, no cuesta.

¿Cómo se financia Tamarisco?

Comenzamos poniendo plata nosotros, pero desde hace dos años ya no tenemos que poner plata. Algunos libros salieron con subsidios o con becas, ahí no tuvimos gastos. Lo que queda de esos subsidios, o lo que sale de ventas o de algún evento al que nos invitaron y nos pagaron, lo ponemos para la editorial. Así sale la financiación. En ese sentido es una editorial un poco rara porque normalmente la forma de financiación de las editoriales es pidiéndole una colaboración al autor, lo cual no me parece nada mal pero es algo que no hacemos nosotros.

Por otro lado, algunas editoriales tienen un capital inicial o a largo plazo bastante grande que lo suele poner una especie de mecenas; en el caso de Eterna Cadencia es el dueño de la librería; en el caso de Adriana Hidalgo, la propia Adriana Hidalgo. En Interzona hubo unos abogados que pusieron mucho dinero para arrancar, y en Mar Dulce —una editorial que salió el año pasado—, también; los dueños son gente de plata. Otro ejemplo es La Bestia Equilátera, que es una editorial chica pero con bastante visibilidad. Es una editorial genial, tiene libros buenísimos y el editor es Chitarroni [Luis], quizá el mejor editor de la Argentina. La dueña es una persona de plata y le pagan a Chitarroni para que haga ese trabajo.

No son negocios las editoriales, por ahí, sí, pero cualquier otra inversión sería más redituable. Es como quien invierte plata para correr carreras de automovilismo, prepara un auto durante meses, se gasta lo que no tiene para darse el gusto de correr en el autódromo… O como los tenistas, en algún momento ganan plata pero tienen que llegar a eso; si no, tienen que estar financiados por alguien. Esto es lo mismo, tenés que dedicarle un montón de energía y los réditos son muy pocos. Pensá que estamos hablando de tiradas de mil ejemplares y muchas veces no se venden ni siquiera esos mil. Además las librerías pagan a los postres, todos los libros se dejan a consignación, se los das y una vez que se venden recién los pagan. Y se quedan con un porcentaje muy alto, no digo que esté mal porque son los que los comercializan, pero así el precio final del libro termina siendo muy alto, entonces no se vende tanto por ese motivo.

Hay una imposibilidad de vender libros que es bastante patente, pero aun así toda esta movida lo que ha generado es una ampliación, creo —esto lo tendría que decir alguien que haya hecho un estudio—, de los lectores, cosa que antes no se daba; en los 90 no se dio una ampliación, más bien se produjo una reducción del público lector en relación a otras épocas, por ejemplo los 70, incluso los 80, donde había autores populares, estaba Puig, o Jorge Asís.

¿Cuánto influyen las políticas editoriales en el proceso de escritura? Es decir, si mientras el autor escribe, piensa en si será publicable o no.

Creo que eso va en cada uno y no podría responderte por cada uno, pero creo que evidentemente cuando uno está escribiendo sus primeros libros no piensa mucho en si va a publicar o no, está como más enfrascado en hacer un buen libro y después veremos qué pasa. Por lo menos eso fue lo que me pasó a mí. Después, ya conforme, uno se va dando cuenta de que el libro puede ser publicado, puede ganar un premio, puede traducirse, o sea todos los eventos del mundo editorial que escapan al libro en sí. Entonces uno se da cuenta de que eso está presente y empieza a funcionar, no sé, en mi caso, como estructurador. Por ejemplo, tengo que escribir una novela de acá a dos años, bueno, si tengo una idea, no tengo problema, firmo un contrato porque sé que lo voy a poder hacer. Si no lo hago, bueno, se puede romper el contrato y ya está. Pasa a ser un trabajo y creo que no está mal que la escritura pase a ser un trabajo en ese sentido, en el sentido de tiempo, reglas y demás. Incluso cuando te dan las pruebas de imprenta y las ves, muchas veces digo, mirá, tiene razón el corrector. Si bien en una editorial grande todo eso se produce de forma muy pautada, con tiempos muy fijos y demás, en una editorial como la nuestra no se dan tan estrictamente. De todas maneras en Tamarisco, por ejemplo, editamos un montón los libros que nos llegan y conversamos con los autores y les decimos mirá este personaje, esta escena... y de alguna manera vamos armándolo entre todos. También pasa eso en las editoriales grandes con mucha más burocracia y demás y no está mal que pase. Creo que los escritores de mi edad somos más permeables a toda esta situación de hacer el libro entre muchos. Entregamos el libro y vemos cómo hacemos para que funcione.

¿Otras generaciones no son tan permeables?

Me parece que no, o ponen más resistencia. Quizás, no sé. Conozco dos o tres escritores un poco más grandes que piensan que son medio bestias, por cómo él o los editores dicen las cosas, pero bueno, qué sé yo, si no querés, rompés el contrato y ya está. Hoy en día las facilidades para publicar son enormes en comparación con otras épocas.

¿En qué medida la relación con la editorial afecta la carrera de los escritores?

El autor tiene más calce para seguir haciendo cosas, para seguir pensándose a sí mismo y para que la gente hable de lo que hace si está con una editorial que le da bola. En nuestro caso, a pesar de tener una estructura chiquita y de publicar pocos libros, un montón de gente los lee, son comentados, salen reseñas y todo eso va armando caldo. En cambio si uno va a una editorial de autor y publica su libro, puede ser que eso pase, pero lo más probable es que ese libro quede bollando. Si se tiene mucha suerte, tal vez pase a algún otro lugar, pero lo más probable es que nunca pase a otro lugar. Lo mismo pasa cuando una editorial grande decide tomar a un autor joven que le parece prometedor y dice probemos a ver qué pasa, pero claro, el editor tiene que publicar eso y cien libros más en ese mes, entonces qué va a hacer, probablemente ni siquiera la prensa es tan buena por más que la editorial tenga mucha visibilidad.

Lo que para mí tiene de bueno la movida de editoriales independientes es eso, que en general intentan que los libros estén presentes, sean visibles y se lean. De alguna forma buscan ir ampliando cada vez más el público lector, un trabajo de hormiga, pero bueno.

Y en cuanto a eso, ¿el público lector también de alguna forma se hace presente en la política editorial?

Sí, y lo que se dio es que muchas editoriales, inclusive Tamarisco, buscamos que los libros sean legibles por una amplia diversidad de lectores y eso es una gran decisión en la literatura argentina. La pregunta es para quién escribimos, ¿para los diez que nos van a leer en la Facultad de Filosofía y Letras o para el que le llegue el libro? Para nosotros lo importante es que el libro lo pueda leer cualquier sin necesidad de ningún tipo de formación específica. Obviamente que todo autor tiene detrás una formación y hay que tratar de ver eso, si no, es un poco débil, un autor que escribió por casualidad pero qué pasa atrás de eso.

En tu caso, vos publicaste primero en Tamarisco y a partir de ahí llegaste a Mondadori. ¿Cómo fue tu proceso?

Yo venía escribiendo los cuentos de 76 y «Los topos» era un cuento más que después se convirtió en novela porque el cuento nunca me cerró, lo seguí y se hizo esa novela. El año que salió 76 Los topos ya estaba medio cocinada, y me ofrecen de Mondadori publicarla. Obviamente Tamarisco no la iba a sacar ni ese año, ni el siguiente, ni el otro (te dije que publica dos libros por año, entonces dos del mismo autor no es posible), así que acepté. Además la temática era la misma y me pareció que podían hacer juego los dos libros, que uno podía levantar al otro; Los topos, al ser de una editorial grande, levantó un montón a 76.



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